martes, 26 de agosto de 2008
Si me sincero
Pero
A la mosca no le digo nada
Preocupación ecológica futurista catastrófica
sábado, 16 de agosto de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Camino Practicado
Ya sufres con el choque de los primeros goterones, lentos y espesos, contra las tejas dormidas; giras por toda la cama buscando un lugar que tu cuerpo no haya calentado, y si lo encuentras lo dejas de nuevo porque no lo tardas en calentar. Yo también estoy incómodo, mijita; nos hace falta tu madre, y esta casa es tan grande para nosotros dos solos, solitos los dos. Por eso nos vamos, mi niña, y te estoy esperando. Sé que no tendré que llamarte.
Otra vez estoy despierta a esta hora. No es mi culpa, yo siempre intento seguir soñando, y me aferro a esa realidad consoladora como una garrapata hambrienta, pero lo único que logro es rasgarla y olvidarla en jirones inconclusos para reemplazar su imagen por la del techo de mi cuarto, o por la de mi madre… por la tuya, madre. Me haces falta, Mami. Me quedé sola en esta casa tan grande. Yo sé que está él, sin embargo, no es el mismo. Estoy muy sola, y tengo miedo. Algunas noches siento que sube a verme y que camuflado en la oscuridad, junto a la puerta, me observa durante minutos eternos en los que me quedo quieta, quietísima, escuchando mi corazón intranquilo con el oído puesto en el colchón; después de un rato, baja despacio y me calmo con el quejido de cada escalón que lo aleja, aunque mis músculos quedan tensos, casi encalambrados, hasta que me baño por la mañana. Está loco, madre, no ha podido asimilar tu muerte.
…Hija, te demoras, ¿será que te volviste a dormir? No, seguro que no, oigo el constante roce de tus sábanas, como si le estuvieran quitando la envoltura a un confite. No te puedo esperar mucho, hija, baja. Baja. Estoy mareado de tanto suspirar. Y no bajas.
¿Que no le tenga miedo? ¿Cómo no, madre? Me confunde contigo, sube a mi habitación por las noches para verme, delira todo el día, ¿y pretendes que no le tenga miedo? Sí, sí, que es mi padre y que nunca me haría daño, sería un buen argumento cuando era en realidad mi padre, no ese cuerpo abandonado que recorre las noches con sus esperanzas muertas, ese que te busca a ti y te encuentra en mí. Cómo no le voy a tener mie… ¿Para qué pienso estas cosas? Ya discuto con los recuerdos. Me tengo que ir. Y rápido. Voy a terminar igual. Empaco. Lo que sea. Bajo, busco la maleta y empaco. ¿Y si me oye? Nada, no importa; lo ignoro. Cojo la maleta y me encierro acá. Por la mañana cuando ya se haya dormido me voy. No sé; a donde sea. Me voy.
¿Ya? Sí, ya. Bajas despacio, confías en el silencio de estas viejas escaleras de madera, pero su naturaleza te traiciona con un crujido que interrumpe la monotonía de la lluvia sobre el tejado; entonces paras, esperas y me desesperas, pero espero. Llevas esa fina bata de dormir que te
–Tranquila, mi amor –dijo él– aquí estoy.
Lo sintió detrás de ella, pero no se quiso mover, no se pudo mover. Parecía un maniquí en la mitad del pasillo oscuro. Se le olvidó por qué había bajado, y no pensó en volver a subir. Sus pies descalzos empañaron el frío piso de mármol, lo cubrieron con un charquito de humedad que por poco la hace resbalar cuando su padre la abrazó y le dio un demorado beso en la mejilla.
Yo tampoco puedo dormir bien –continuó él– estuve pensando que sería bueno irnos de acá, y decidí que salimos ahora. Precisamente –susurró mientras le acariciaba el cuello–, te esperaba.
Suspiró profundamente, y mirándola perdido a sus ojos, siguió:
Se parece más a ti que a mí, ¿no te parece, mi amor? Nuestra hijita, mi hija, mi esposa. –la agarró fuerte de la cintura, y mientras un trueno hacía temblar los vidrios se inclinó para decirle a su oído– Esta vez no te vas a ir sola. Nos vamos. Nos tenemos que ir, juntos, los dos.
Ella se soltó con delicada fuerza e intentó decir algo, pero las palabras se derrumbaban antes de salir, por el temblor involuntario de su cuerpo. Se dejaba llevar por su padre igual que una hoja por el río. Él leyó su silencio, la cargó por sus caderas, y la llevó a la cama. “Como te cargué a ti, esposa linda, la cargó ahora a ella –pensaba– no te preocupes, tu sabes que te lo hice bien”
Acostada y con los ojos abiertos contrastando con la madrugada, esperó a que su papá organizara todo. – ¿Y mi maleta, papi? –pudo preguntar, aunque no había decidido hacerlo
–No son necesarias –respondió calmado, mientras le entregaba una pastilla–, vamos a construir algo nuevo. Aquí se queda todo. Tómate esto, hijita, ya me tomé la mía, el camino es largo y no es seguro bajarnos en la mitad por un mareo. Tómatela –repitió y le extendió un vaso con agua.
Por primera vez en varios meses, el lado en el que siempre se acostaba su madre estaba con las sábanas tibias y arrugadas. Después de tragarse la pepita, su padre se acostó junto a ella, le pasó el brazo por debajo del cuello y con los ojos cerrados dijo –Avísame cuando amanezca, amor mío, no vaya a ser que nos deje el bus.
–Ayer tampoco recogieron la leche –dijo extrañado– ¿estás seguro?
–Segurísimo –respondió el portero–. Ninguno de los dos ha salido.
– ¿Y entonces, ese olor? –insistió el otro–
– No se preocupe, así huele él.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Ecos Traducidos
Hace unas noches me senté a escribir lo que saliera, y cuando terminé me di cuenta que dos de los textos se parecían mucho -tanto en ideas como en forma- a los de algunos autores que he leído. Aquí los dejo, y se los atribuyo a sus verdaderos escritores: yo no hice más que traducir los ecos que me dejaron sus obras.
1. ¿De Oé, o de Oz?
Al principio es siempre el respeto
El 'señor', el 'usted'
El permiso tímido
La esperanza del halago
O por lo menos de una leve aprobación.
Pero te quedas esperando, y ese verbo
Es muy aburrido en la niñez
Entonces, con el tiempo,
Se te va desaguando la admiración que les tenías
Y te crees capaz de ser como ellos
Cada día te consideras más adulto
Y consigues imitarlos mejor
Es una lástima que
Por vencer un reto que nadie te ha propuesto
Descuides el efímero botín
De los primeros años.
2. ¿Cioran? Tal vez Kundera, pero más Cioran
"La preocupación por la Historia nace del miedo al intuir que de pronto nunca hemos existido"
sábado, 2 de agosto de 2008
Dreamend
Los cuervos espantados se convierten en rocío
Termina de gotearse la noche sobre los objetos
Y una persiana se prepara para proteger
Entonces, adentro todos dejan que pase el último viento
Para acatar la orden
De quitarse los atuendos, apagar el escenario
E irse a olvidar.
domingo, 27 de julio de 2008
Las revistas literarias y el acto creativo

Juan José Hoyos:Creo que el factor más importante ha sido el económico. Los costos de editar una revista y distribuirla se han elevado demasiado. Al mismo tiempo, muchas empresas e instituciones públicas y privadas que apoyaban esta clase de publicaciones ya no lo hacen porque supuestamente “la cultura no vende”.
J.C: ¿Recuerda usted casos de escritores que hayan publicado por primera vez en revistas literarias y a partir de ahí hayan empezado su obra? (En general, no únicamente en Medellín.)
J.H:Recuerdo muchos casos de escritores que empezaron a encontrarse con sus lectores a través de las revistas literarias. Algunos que recuerdo ahora: Gabriel García Márquez, Pedro Gómez Valderrama, Rogelio Echavarría, Álvaro Mutis, Gonzalo Arango, Mario Rivero, Elkin Restrepo, Helí Ramírez, Víctor Gaviria… y un largo etcétera.
J.C: ¿Qué revistas recuerda que tuvieron buena acogida en la ciudad? ¿Por qué cree que las revistas literarias -exceptuando pocos casos- tienen una vida tan corta?
J.H: Recuerdo tres: la Revista Universidad de Antioquia, Acuarimántima y Deshora. La de nuestra universidad ha tenido una larga vida gracias al apoyo que ha recibido de ella. Acuarimántima se acabó porque sus editores pensaron que ya había cumplido su papel. Deshora, por problemas de sostenibilidad.
J.C: ¿Piensa que había más revistas literarias porque había más escritores, o no existe una relación entre el número de lo uno y lo otro?
J.H: Escritores hay muchos. Pero hay muy pocos escritores que a la vez sean editores y tengan la tenacidad de unirse a otros para un esfuerzo colectivo a largo plazo como es el de una revista literaria.
J.C: Actualmente los suplementos literarios de los grandes medios abandonaron el papel de promotores de la nueva literatura colombiana (sólo Generación, de El Colombiano, publica periódicamente relatos cortos) ¿Por qué considera que ocurrió este fenómeno?
J.H: Porque los suplementos literarios se convirtieron en revistas de variedades o desaparecieron por decisión de los editores y gerentes de los periódicos.
J.H: Creo que son muy importantes y cumplen un papel fundamental en la cultura. Para sólo mencionar un caso, la revista MITO, publicada en Bogotá a fines de la década de 1950, contribuyó de modo decisivo a la transformación de la literatura colombiana. La despertó de su letargo rural, provinciano. La conectó con la gran literatura del resto del mundo.
J.C: ¿Si hubiera más revistas de literatura en Medellín, habría más producción literaria; o cree que por no producirse lo suficiente es que no hay casi revistas?
J.H: La existencia de revistas no es indispensable para que exista producción literaria. Los escritores han escrito y seguirán escribiendo aunque no existan revistas. Sin embargo, la existencia de revistas literarias y culturales sí puede contribuir al encuentro de los escritores y los lectores de su tiempo y esto último sí es un estímulo muy grande para la literatura de una ciudad o de un país. La publicación no es la meta única ni la más importante del acto de escribir, pero si permite que el escritor y el lector se encuentren. Y ese sí es un momento muy importante de todo acto creativo.
J.C: ¿Existe la posibilidad de que las revistas literarias se hayan vuelto innecesarias para los escritores y lectores de nuestra sociedad? ¿Se habrá "superado" ese método de divulgación literaria y se ha llegado a otros (publicidad de editoriales, por ejemplo)?
J.H: Pienso que las buenas revistas literarias, hoy y mañana, son tan necesarias como las buenas editoriales. La relación entre el escritor, su obra y los lectores no se puede dejar en manos de la propaganda. Creo que en Medellín y en el resto de Colombia deberían existir muchas revistas más que fomenten la buena lectura y formen nuevos lectores.
sábado, 19 de julio de 2008
Juego con el diccionario #1
Es entretenido pasear por el diccionario y recoger palabras que no conocés, que nunca habías escuchado, leído, usado. Pues bien, en uno de esos toures enciclopédicos, copié diez palabras nuevas para mi vocabulario y empecé a jugar con ellas para ver qué salía. Aquí están las palabras con el significado que les dal el "Pequeño Larousse Ilustrado, 1994":
Vincapervinca: Género de apocináceas, de flores azules.
Vinolencia: Exceso en el beber vino.
Zancarrón: Huesos de la pierna. II. Hombre muy viejo y flaco.
Trangallo: Palo que, durante la cría de la caza, se cuelga del collar a algunos perros para que no puedan bajar la cabeza.
Latente: Escondido. II. Qué no se manifiesta exteriormente.
Merdellón: Dícese de la persona que adopta modos, costumbres o indumentarias propios de una clase social superior, con el vano propósito de parecerse a ella.
Acecinar: Salar las carnes y secarlas al humo y al aire.
Adondequiera: A cualquier parte.
Sprintar: Aumentar la velocidad, al llegar cerca de la meta.
Miniar: Pintar miniaturas.
Bueno, ahora les comparto una muestra de los ejercicios que hice con esas palabras. Es cierto que algunos no tienen mucho sentido, pero los hay que sí. En fin, aquí están:
1. El zancarrón sprinta adondequiera cuando un merdellón, de vinolencia latente, minia su trangallo para acecinar la vincapervinca.
2. Una vincapervinca vinolenta sprinta al acecinar el zancarrón. Desde entonces, el merdellón trangalla adondequiera para miniar la latente.
3. Crimen: La vinolencia del trangallo acecina al merdellón. Motivo: Había miniado una vincapervinca para latentarla del zancarrón que la sprintaba adondequiera.
4. El zancarrón, latente entre las vincapervincas, acecina su vinolencia. Mientras tanto, los merdellones sprintan adondequiera con sus trangallos para miniarlo.
5. -"Me acecinó un zancarrón mientras lo miniaba", se lamenta el merdellón ante los Trangallos.
-"Su vinolencia siempre latenta las vincapervincas -le contestan despectivos-, spríntese adondequiera, menos aquí"
6. "Adondequiera vincapervinca el trangallo del merdellón. Si no quiere que lo acecinemos, mínielo y sprinte aquí.", le ordenan, latentes en la penumbra, al zancarrón vinolento.
7. "... adondequiera, pero trangálleme rápido con el zancarrón latente de la vincapervinca y acecíneme con vinolencia", le piden al merdellón. "Bueno, pero minie su sprint porque no lo alcanzo", contesta él agitado.
8. "¿Por qué miniar mi vinolencia -pregunta el merdellón-, si así puedo latentarme el trangallo?". "Porque así sprintes adondequiera -le
responde la vincapervinca- seguirás siendo un zancarrón acecino"
Como los anteriores, puede haber muchos más ejercicios que continúen la lista. Sería genial que vos, lector de este blog, busqués otras posibilidades para la cohesión de esas diez palabras; y, si querés, las publicás en forma de comentario. Hay que explotar el lenguaje, y esta es una manera divertida de hacerlo. Miren cómo lo hace Bob Dylan:
lunes, 14 de julio de 2008
Convers(ac)ión en desplazamiento
Pero una niña sopla el mutismo de la boca para dirigirse a su padre. Pregunta por su perro.
-¿Papá, dónde está Paco?
-Se espantó por los disparos.
-¿Y por qué no lo esperamos en la casa?
-Porque es mejor salirlo a buscar.
-¿Y por qué viene todo el pueblo con nosotros?
-A ellos también les espantaron los perros.
-Pero Bernarda no tiene perro y véala allá adelante.
-Seguro no se quiso quedar sola
-Mmm. Papá, ¿y por qué hay gente llorando?
-Porque no encuentran sus perros.
-Mejor los esperábamos en las casas.
-Ya, mijita, por favor. Venga la cargo y se durme, yo le aviso cuando lo encontremos.
-Ya se me quitó el sueño. Pa... ¿mi mamá para qué trae el morral?
-No sabemos cuánto nos demoremos buscando a Paco.
-Ahhh. Papi, tengo ganas de orinar.
La acompaña su madre hasta un costado del camino, se agacha detrás de un árbol y orina. Mientras su propia niebla se eleva y la envuelve, decide preguntarle a su mamá.
-Mami, no le diga a mi papá, pero yo a él no le creo. Dígame usted, ¿dónde está Paco?
La mujer, sorprendida y encartada con la pregunta, trata de responder algo pero los sollozos son más rápidos que las palabras y empieza a llorar. Entonces voltea la cara, toma a la niña de la mano y regresa apresurada al lado de su marido. La niña entiende que estaba en silencio para no llorar.
Reanudan la marcha. La pequeña no vuelve a preguntar nada: ya no considera necesario preguntar. Lo ocurrido le insinúa la verdad de lo que está pasando, aunque ella sabe que si habla se la van a espantar.
Silencio.
viernes, 11 de julio de 2008
jueves, 10 de julio de 2008
"El niño ignora que los dioses no bajan en paracaídas"
La presaKenzaburo Oé
Barcelona, Anagrama, 2003 (114 pp.)
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Sí, el soldado negro ha trastocado el orden del pequeño poblado, aunque no hace más que dormir en la penumbra de la bodega y comer lo que le lleva el niño a quien los adultos encargaron para bajarle los platos. Este niño -que es el narrador de la historia-, es quien sostiene la relación más íntima con el prisionero. Los adultos se desinteresan rápidamente por la suerte del negro, y retornan a sus trabajos cotidianos. Pero la vida de los niños, que es la que describe el relato, adquiere nuevas posibilidades de diversión por la llegada de ‘la bestia’.
Al principio el narrador describe el miedo que sintió la vez que bajó con el primer plato; el escalofrío que lo envolvió cuando escuchó su tos; lo pequeño e insignificante que se sintió frente a su majestuosidad. Más adelante, al descubrir que el soldado no es una amenaza, que no es agresivo ni malintencionado, el niño –junto a su hermano menor y el amigo ‘Morro de liebre’- establece tácitamente una amistad con el prisionero. La relación entre los dos se estrecha, y a pesar de que ya el niño se ha acostumbrado a su presencia no deja de deslumbrarse por cada acto que realiza su nuevo compañero.
El relato, entonces, pormenoriza cada detalle que hace el negro y que todos los niños de la aldea –ya no sólo los tres principales- celebran y contemplan atentos. Ven, a través del soldado, una realidad diferente. Se sienten orgullosos cuando lo logran admirar, lo hacen el núcleo de sus juegos, e incluso alaban sus instintos profundos. El narrador -que cuenta la historia ya siendo un adulto pero sin contaminar su inocencia de entonces- no encuentra manera de expresar la plenitud que alcanzó al lado del soldado: ¿cómo podría dar una idea de la adoración que sentíamos por él (…), cómo explicar la plenitud, y el ritmo, de todo aquello?
No obstante, en el momento menos esperado de la historia, en el punto más estrecho de la ‘amistad’ entre el preso y el narrador, un episodio cambia radicalmente el tono y el desarrollo del relato. El narrador pasa de la euforia permanente al desencanto, la decepción, y la melancolía. El niño, por ese suceso, deja de ser niño: “yo ya no formaba parte de la comunidad infantil (…), esa clase de relaciones con el mundo ya nada tenían que ver conmigo.”
Leer ‘La presa’ es casi un ejercicio facial. Durante el par de horas que se demora leyendo las casi 100 páginas del relato, el rostro se contrae por el asco, por la sorpresa, por la risa, por la indignación, por la tristeza. Al final, no queda más que la reflexión.
Hay que reconocer en Oé la delicadeza para tratar el asunto de la guerra. Porque en últimas el libro es sobre eso, sobre la guerra y la inocencia. El negro llevó la guerra hasta esa recóndita aldea del Japón. Se prescindió de tropas numerosas, de bombarderos, de ataques atómicos: la guerra cayó en paracaídas.
En ‘La Presa’, Oé hace evidente que después de una guerra el niño no puede seguir siendo niño. La guerra es como un puente por el que le obligan a pasar, mientras abajo se escurre la inocencia intacta.
El tema de la guerra y los niños ha sido tratado en numerosos libros y películas, algunos con mayor profundidad y éxito que otros. ‘La Presa’ aborda ese problema con maestría, ingenio y brevedad. Vale la pena leerlo, es un libro universal y vigente por nuestro contexto.
sábado, 5 de julio de 2008
"Por simple amor al arte"
J.C: ¿Por qué decidieron hacerla virtual y no impresa?
J.C: ¿Qué ventajas tiene el hecho de que sea virtual?
J.C: ¿Hasta el momento, sentís que vale la pena el esfuerzo que han hecho por sacar cada número de la revista? ¿Es difícil sostener con calidad una revista?
J.C: ¿Por qué creés que las revistas literarias tienen la triste tendencia a desaparecer -con contadas excepciones- en los primeros números?
J.C: ¿Creés que en Medellín todavía hay un público para las revistas literarias? Es casi imposible saber si quienes leen Rabo de Ají son de Medellín o de cualquier otro rincón del mundo, pero ¿si pensás que aquí hay interés por la nueva literatura, por los nuevos creadores de la ciudad?
J.C: Considerás que en nuestra ciudad se están apoyando a las personas que quieren escribir, y, además de eso, publicar. ¿Hay una voluntad política, más que comercial, para dar a conocer a los nuevos talentos que se gestan en Medellín?
viernes, 4 de julio de 2008
Un Desconocido Hidalgo

Don Quijote se había preparado durante meses para ese encuentro; compró costosas horas de sueño para organizar cada palabra que diría, cada gesto. Sin embargo, sus ensoñaciones nunca se estropearon por una sorpresa como la de entonces.
Pero entendió que todas esas fueron delicadezas vanas cuando la tuvo al frente.
Ahí fue que las rodillas titubearon, que el baciyelmo cayó sobre los guijarros, y la lanza sin mano agitó la bruma nocturna antes de quedar apoyada en la pared como una escoba.
Entonces, aturdido por el estupor, Don Quijote se apeó trémulo, despreciando con indiferencia la ayuda de su escudero; tomó todas las monedas que llevaba y se las entregó silencioso, resignado, a la robusta y sorprendida mano de su amor. Hecho esto, se dio media vuelta y recogió el camino que lo había llevado hasta esa oscura y vetada calle del Toboso.
Arrastrando a Rocinante, con la frente en alto y los ojos bien abiertos –para evitar que se le descauzara el dolor- se fue diluyendo en las sombras de esa desafortunada noche en que conoció a Dulcinea, la del burdel.
Alonso Quijano cambió su armadura por comida en el camino hacia La Mancha. A nadie, en toda la historia, le interesó escribir sobre él.
(Relato publicado en Generación, suplemento cultural de El Colombiano. 20 julio, 2008)
miércoles, 25 de junio de 2008
El Crimen
(Espera unos minutos repitiendo a gritos lo mismo, hasta que se acerca un caballero)
B: ¿Dígame, señor, cuál es la solución para acortar la vida?
(El vendedor le secretea algo al oído, su interlocutor asiente animado con la cabeza y le cambia unos billetes por una pequeña caja; acto seguido, abandona el lugar. Al instante se acerca otro individuo al vendedor)
C: ¿Cuál es la solución?
A: Disculpe, caballero, pero la acabo de vender. Ya no está bajo mi custodia. No, lamentablemente no se la puedo dar. Lo siento mucho por su vida, parece que el destino le depara un camino insoportablemente largo.
C: ¿Cómo así que ya no la tiene! ¿A quién se la vendió? ¿A ese señor de sombrero que va allá?
(El vendedor termina de empacar sus pertenencias en el maletín y confirma satisfecho la duda del interesado. Este último se dirige apresurado al comprador)
C: (gritándole a B) ¡Oiga! ¡Deténgase! ¿Cuánto pagó por la solución que le vendió el anciano de la esquina? Yo le doy el doble.
B: (asustado) No, señor, no está en venta. Ni siquiera he abierto la caja.
C: ¿Cuál caja? (Detallando minuciosamente el interior de la bolsa que B lleva agarrada)
B: Una caja. Permiso, señor, que tengo afán.
(B trata desesperado de parar un taxi, pero todos están ocupados. C, al observar las intenciones de B, pierde el juicio y trata de arrebatar la bolsa de B)
B: ¡Qué hace! ¡Ladrón, ladrón! ¡Ayúdenme!
(Inicia un divertido forcejeo en la mitad del andén. Ninguno de los testigos hace más que mirar. Los gritos de B tienen iracundo a C, que no ha podido arrancar la solución a B, y a la vez nervioso por la posible intervención policial.)
C: ¡Suéltela o lo mato! ¡Qué la suelte, le digo!
La inverosímil lucha no termina con las amenazas de C, hasta que éste último saca de su bolsillo un cuchillo largo y lo guarda de nuevo, pero en el vientre de B. Los testigos, al ver el rojo escandaloso de la sangre, despiertan de su letargo y comienzan a gritar para que agarren a C, que ya corre lejos y sin mirar atrás, con la bolsa de B en la mano. Por suerte, una patrulla escucha la algarabía y alcanza al agresor. La ambulancia tarda bastante en llegar y cuando lo hace se encuentra con un hombre muerto.
sábado, 21 de junio de 2008
La Nota
En ese espejo se reflejaba el silencio. Se lo compré a una ciega aquí en el mercado y me resultaba útil cuando no podía dormir. Durante las noches amenazadas de insomnio me sentaba frente a él a gritarle, y el retorno extinguido de los gritos me arrullaba, escuchar sus colores lentos y pesados me introducía al sueño. Sin embargo, anoche el espejo no reflejó nada, ni siquiera mi asombro, por eso decidí venir temprano a reclamarle a la anciana. Desmonté el espejo, lo traje hasta acá pero no la encontré. Desesperado por el escándalo de la muchedumbre y por la incomodidad de cargar algo tan pesado fue que decidí vendérselo a un desconocido. No he contado cuánto me dio por él, pero sé que fue una suma irrisoria. Ahora estoy buscando mi casa, pero tanto ruido no me deja ver.
P.D: En el respaldo escribo mi dirección. Agradezco al que me puede ayudar.
lunes, 16 de junio de 2008
Sentado en la plazoleta de la universidad
La mujer que está al lado ostenta sin verguenza la uña podrida del dedo gordo de su pie izquierdo
Dos hombres, junto a ella, hablan en francés susurrado. Cuando ríen miran directamente a los ojos del otro
Otra mujer, al lado de ellos, se chupa los dedos con los que acabe de meterse un trozo de torta a la boca. Se los chupa hasta la mitad, mientras su amiga le habla
Al otro lado hay una pareja de pie. Se paran como preparándose para bailar tango. Se nota que están aprendiendo. No les importa. También se nota que están enamorados
La de la torta se para y arroja el papel aluminio que envolvía su postre. Se sacude las manos. Ya no se vuelve a chupar los dedos
Cuatro teléfonos públicos. Cuatro personas conectadas. Sólo dos de ellas parecen tener una conversación amena
La de la uña podrida viste falda. Examina sus piernas. Analiza con sus palmas la calidad de la última rasurada
Pasa una mujer de camisa rosada con cachetes rosados, por el acné
La pareja del tango se sienta a mi lado. Él es afeminado, ella le da un beso y después trata de extirparle una espinilla. No lo logra
Jugo de Mora-1
Jugo de Maracuyá-1
Hombre-1
Mujer-1
Silencio-2
A él se le cae la bolsa vacía donde traían las arepas que ya almorzaron. Ella se agacha, la recoge, y se pasa la lengua por los labios para desengrasarlos. No hablan
Una camisa de Eskorbuto se enfila para llamar
Se escuchan los mofles como truenos de polución
Ya me voy
Hoy la gente actuó mucho en la Barrientos
Me siento extraño. Todos tienen verbos




